Prólogo. Londres, 1885

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Prólogo. Londres, 1885

Mensaje  Gaia el 21/01/11, 11:39 pm

Recuerdo del primer mensaje :

PRÓLOGO
Allá por 1885

No le has visto acercarse, pero está detras de ti. Sientes su aliento en la nuca. Su sola presencia hace erizarse el pelo de tu espalda como si fueses un animal en peligro. Respira con pausa y se sitía frente a ti, apoya sus manos en los brazos de la silla y te clava la mirada.

En ese momento lo comprendes todo. Comprendes que no hay escapatoria. En esos ojos rojos, que si no te inspirasen terror incluso podrías considerar bonitos, entiendes porqué los ojos de un vampiros tienen el poder de paralizar a su víctima.

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Última edición por Gaia el 17/08/11, 08:39 pm, editado 3 veces
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Re: Prólogo. Londres, 1885

Mensaje  Ashley el 25/01/11, 07:58 pm

Jane Cassidy

Lancé una sufrida mirada hacia los empinados y desgastados escalones de la estación de King Cross. Por fin había llegado a Londres, después de un emocionante trayecto en el que pude contemplar una visión extraordinaria de los paisajes en movimiento.
Aunque no era la primera vez que subía a un tren, si era la primera vez que lo hacia sola, sin tener que vigilar a mis inquietos hermanos. Permitiéndome el fantástico sentimiento de paz, fruto de solo tener que cuidar de mi misma.
Pero ese sentimiento no duró demasiado. Fui ayudada a bajar mi equipaje por diferentes lacayos al servicio de la estación, y una vez instalada en el anden, me vi totalmente sola y desamparada. La gente se movía a mi alrededor a un ritmo frenético, y a empujones me fui desplazando con mis pesadas maletas a la salida.
La prima Elisabeth había dado concisas instrucciones de cómo debía llegar a nuestro apartamento, y yo había estado totalmente de acuerdo en lanzarme a la aventura sin temor. Ahora, me daba cuenta lo lejos que me encontraba de ser la mujer valiente que tanto me había imaginado. Londres se alzaba ante mi como una imponente ciudad que me atemorizaba y paralizaba, como un cordero asustado entre una manada de fieros lobos hambrientos.
- Disculpe señor.- Dije con un hilito de voz. Nadie se dio por aludido.
Respirando hondo, tomé las dos pesadas maletas con mis brazos, y con un esfuerzo inimaginable, comencé a ascender por las escaleras.
Me costó considerablemente llegar a la cima, pero cuando lo conseguí, pude sentir por mis venas el éxtasis de haber conseguido la primera y mas nimia meta, y inexplicablemente, de pronto me senti con fuerzas para conseguir cualquier propósito.
Seguí a la multitud y por fin me encontré de bruces con la calle. Una autentica calle londinense, rodeada de muchedumbre y furgones de reparto.
Iba a ser incomodo caminar sin compañía, pero levanté la cabeza haciendo caso omiso a las andrajosas figuras que se agolpaban en sombríos portales y pululaban en torno a los tenderetes que servían café.
La primera oleada de olores me asaltó al girar la primera esquina y resulto agradable e interesante: esencia de lirios, te, aceites de pino y palisandro.
Un anciano de extraña y vacua expresión se apoyaba en una farola. A su lado yacía un jadeante y raquítico cachorrillo, que vigilaba el continuo flujo de zapatos y pantalones que pasaban por su lado. Me acerqué a ellos.
- Disculpe señor, ¿Dónde puedo coger el ómnibus para llegar a Waterloo Road?- Pregunté, consciente de que estaba rompiendo una de las primeras promesas que le había echo a mi madre.;nunca hablar con desconocidos en plena calle.
La experiencia volvió a ser satisfactoria, y muy amablemente el anciano me indicó el lugar. Recelosa, pague mi billete, sacando con sumo cuidado los pocos peniques que llevaba en el bolso. En esos momentos deseé haber podido permitirme un carruaje, pero enseguida me di una reprimenda por mis propios pensamientos. No era así como me habían educado.
Al llegar a mi destino, tuve que volver a cargar con las pesadas maletas. Mis brazos empezaban a resentirse por el esfuerzo, pero el dolor ya no era una de mis prioritarias preocupaciones.
El barrio que ahora se alzaba ante mi era terriblemente distinto a la primera imagen que me había creado sobre la ciudad. Niños descalzos corrían ente la suciedad, tras el ómnibus. Ahora era el olor a vinagre el que dominaba el ambiente y de vez en cuando, el viento que soplaba del este, mandaba vaharadas de hedor de las tenerías y la cercana zona industrial.
Un grupo de golfillos se dirigieron a mi al pasar por delante, con gritos sin mucho entusiasmo. Mi paso se vio acelerado al instante y mi corazón compungido rezó en silencio para que nada malo me pasara.
Pase por una verja de hierro forjado, que reconocí enseguida. Por fin había llegado al piso de la prima Elisabeth, y pude verla por la ventana con una sonrisa resplandeciente.
Bajó rápidamente las escaleras a la vez que yo atravesaba la verja, y como un vendaval, se me echo encima, provocando que mi equipaje descansara en el suelo con brusquedad.
- Prima Elisabeth, ¡como has cambiado!- Exclamé cortés. Lo cierto es que estaba irreconocible. Toda echa una mujer.
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Re: Prólogo. Londres, 1885

Mensaje  Invitado el 25/01/11, 08:23 pm

Abraham Van Helsing
En apenas dos horas la noche caería sobre Londres, una ciudad espléndida que cada vez más estaba adquiriendo tintes infames y brillos de penuria. Llegaba desde las tierras del Norte, donde había pasado algún tiempo acumulando conocimientos y clarificando cuantos ya tenía. Y ahora, una maldita suerte o una bendita miseria me había traído hasta estas tierras inglesas. En el maletín que portaba se hallaba la razón de mi venida. Un desgastado sobre que contenía una sola cuartilla, algo amarillenta y con la tinta ligeramente emborronada allí donde coincidían las líneas por donde se plegaba el papel. Una misiva clara y escueta. Una nueva meta y un nuevo destino que sin embargo, era una rutina en mi existencia.
Un anónimo, una información que merecía la pena contrastar.
Conseguí un hospedaje barato, limpio y discreto. No podía llamar la atención y tampoco quería, era algo que tenía muy claro, poder moverme sin levantar sospechas ni preguntas era primordial en mis intereses. Me acicalé un poco y me recosté para meditar ligeramente tras colocar austeramente lo que urgentemente iba a necesitar para mis primeras idas y venidas en Londres.
El mensaje estaba claro, algo se estaba moviendo en Londres, más alejado de lo humano y mucho más diabólico que las ingenuas autoridades suponían. Y por ello había recabado allí. ¿Qué exactamente? Eso era lo que aún no tenía demasiado claro.
Cuando me hube cambiado, eché un vistazo a la gaceta que había comprado nada más bajar de la estación y entonces vi que, dentro de aquel sensacionalismo y ardides para vender, había un destello de información útil y de confirmación. Suspiré, cerré los ojos y fruncí el entrecejo y una ligera sonrisa de satisfacción adornó mi rostro.
Abrí el maletín donde tenía mi instrumental médico, y saqué un pequeño crucifijo de plata que me puse alrededor del cuello. Un crucifijo que mi mentor me regaló para acordarme de por quién estábamos allí. Los demonios que campaban y diezmaban la vida de los modestos desprotegidos, las personas. Santas o no. No soy devoto, pero sé que mi causa es justa y aquel símbolo, me lo recordaba en los momentos más complejos.
Hecho aquello y vestido para la ocasión. Salí de mi habitáculo, bien protegido contra las inclemencias del tiempo y parando un coche de caballos llegué hasta mi parada. La mansión Von Hessel. Lejanos parientes con los cuales mantenía cierto contacto amigable y cordial. Parientes que compartían algo más que lazos de sangre y una ramificación de un árbol familiar, un sino. Acabar con la estirpe de oscuras calamidades que deambulaban, camuflados, entre nosotros. Había enviado hacía unos días una carta alertando de mi visita pero tenía la duda de si habría llegado a su destino.
Llamé a la puerta cuando una joven criada me abrió.
-Buenas noches, soy el profesor Van Helsing.
Automaticamente y como si reconociera mi nombre, se marchó en busca de alguien cuando una joven rubia, muy bella y de exquisito porte, salió a mi encuentro.
-Buenas noches.-Saludó.
-Buenas noches, Soy el profesor Abraham Van Helsing, perdonen mi llegada a tales horas pero mi horario se ha retrasado más de lo esperado. ¿Es mal momento?


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Re: Prólogo. Londres, 1885

Mensaje  Invitado el 25/01/11, 09:45 pm

Ms Payton Carlton
(En la Mansión de Lord Sussex; ENCONTRABLE)



Llevaba ilusionada con la fiesta desde hace días, desde que me la anunció Damien, confirmandome a que asistiría. Incluso le habia escrito a Lucy, contandole todas las noticias. Sin embargo, yo habia contado con lo mucho que costaba preparar "a una joven dama de sociedad", tal y como mi mucama me habia repetido durante la tarde.
La verdad es que no tenia mucha idea de lo que tendria que hacer en la fiesta pero Damien me aseguró que estaría a mi lado cuando pudiera para darme instrucciones una vez que llegasemos alli, puesto que nunca habia tenido que asistir a ninguna velada de ese tipo sola desde que Lucy partiese a Francia con su ahora esposo.
Despues del almuerzo, me refugie como de costumbre en la biblioteca, donde sabia que podria tener un rato de tranquilidad ante todo leyendo y alejandome de todo, conducta que por lo visto no estaba muy aprobada pero no es que yo le diera demasiada importancia a ello.
Pero cuando se hicieron las cinco de la tarde, mi doncella Dana, me llamo a mi recamara para tenerme lista para la fiesta. Y antes de entrar, me dijo en voz baja que el periodico se encontraba en el cajon de mi tocador, tal y como le pedia todas las mañanas. Se lo agradeci con una sonrisa antes de entrar y que comenzasen a peinarme, vestirme y maquillarme.
Cuando se hicieron las 7.30, ya habian terminado de peinarme y esperaba a que me trajeran un vestido nuevo que Lucy habia pedido que me hicieran en París para la ocasión, con una nota deseandome una feliz velada.
Dana me traje el vestido y lo colocó sobre mi cama para admirarlo, mientras yo cogia el periodico y lo leia. A Damien no le gustaba que lo hiciera para no preocuparme pero yo tenía demasiada curiosidad para dejarlo pasar.
Luego me puse mi vestido y me fui a hasta el salon donde Damien ya me esperaba totalmente vestido.
Y tras hacerme varios cumplidos, nos fuimos hasta la entrada donde el carro nos esperaba y nos pusimos en camino a la fiesta.
Cuando llegamos a la fiesta, el resto de los invitados ya estaban relacionandose entre ellos. Yo estaba bastante nerviosa y aunque procuraba estar relajada, Damien debio de notarlo, porque me acaricio el brazo para confortarme y me dijo que todo iria bien. Se alejo para saludar a unos conocidos y me dijo que no tardaría en volver a buscarme.

(Gracias por la corrección
Very Happy )


Última edición por Mýa el 26/01/11, 02:33 am, editado 1 vez
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Re: Prólogo. Londres, 1885

Mensaje  Ashley el 25/01/11, 09:52 pm

Sean Andrews

La casa era grande, pero yo ya estaba acostumbrado a las enormes estancias de los palacetes de Manhattan. La columnas corinitas adosadas, las paredes aterciopeladas inundadas de exquisitas obras de arte o los cortinajes sobreexpuestos en los marcos de los diferentes accesos a los contiguos salones. Un sin fin de decoración ostentosa que abarrotaba cada rincón. Un gusto recargado y omnipotente de la clase dirigente, anclada en la tradición y las falsas costumbres. Inglaterra no era muy diferente a Mi Nueva York natal. Quizás mas recatada y protocolaria, pero ya había llegado yo para encargarme de las buenas maneras.
Lady Andrews, mi abuela, había insistido en supervisar cada detalle de mi indumentaria antes de acudir al gran baile al cual había sido invitado.
En un primer momento aborrecí la idea. Prefería pasar mi segunda noche en Londres en el afamado club de caballeros del que mi tío había sido miembro, pero cuando se me informó sobre los detalles del acontecimiento, no pude rechazar la oportunidad de conocer a todas las damas venerables de la cumbre Londinense.
Un lacayo informó de mi llegada y Lady Andrews dio permiso para presentarme. Me indicó con un gesto frío que tomara asiento, observando detenidamente mis maneras.
La fama de irresponsable y descarado no me había perseguido a través del atlántico, pero mi abuela sospechaba que como buen norteamericano, era necesario pulirme como a diamante en bruto y joya indiscutible de la familia.
Yo al respecto no mostraba oposición. Me resultaba divertido ser objeto de atenciones y siempre que se me dejara hacer y deshacer a mi antojo, no obtendrían por mi parte ninguna objeción.
- Deberías estar casado mi adorado nieto.
Un picor en la garganta torció mi voz.
- Con todas mis disculpas Lady Andrews, creo que eso debería ser objeto de mi decisión.
- Acepto tus disculpas Sean. Pero si quieres ser un Lord, deberás casarte.
- Aun no he aceptado semejante titulo Lady Andrews.

Ella torció la mirada.
- Aun no lo has merecido. – Contestó rebelando su enfado en un tono de voz muy marcado. – Y no me gusta tu acento. Te hace parecer vulgar. Deberás hacer clases de dicción. Ahora por favor, ponte de pie para que pueda mirarte.
Hice rodar los ojos algo ofendido, pero obedecí. Mi abuela hizo un autoritario gesto y una sirviente se agachó a mis pies para frotar mis zapatos con un paño. Yo sonreí satisfecho por las hermosas vistas que recibía de la criada desde mi posición.
- He dispuesto un carruaje para que acudas al baile. Directamente.- Enfatizó, imaginando mis intenciones de hacer una parada anterior. – Debes estar impecable y presentable porque vas a representar a la familia. Mi estado de salud me impide ir, como podrás imaginar, pero quiero que mandes saludos y mis felicitaciones a los Malory y a Lord Sussex. Se que están impacientes por conocerte y no quiero que se lleven ninguna decepción.
- No se la llevaran.- Aseguré en una sonrisa torcida, e hice una leve inclinación, a forma de reverencia, aunque con la clara intención de ver mejor a la criada.
Mi abuela asintió y me dio permiso a abandonar la estancia.
Como había ordenado, subí al carruaje y me encaminé al baile, con agradables fantasías en mis pensamientos y una satisfactoria perspectiva de la velada.
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ENCONTRABLE (en el baile)


Última edición por Ashley el 25/01/11, 10:14 pm, editado 1 vez
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Re: Prólogo. Londres, 1885

Mensaje  Invitado el 26/01/11, 02:32 am

Mr. Damien Hamilton
(En la Mansión de Lord Sussex; ENCONTRABLE)

[/color]

Esperaba que nuestra aparicion en la fiesta no levantase demasiada atencion. Mientras que Payton era una notava en cuestiones sociales de este tipo y la idea de asistir a su primera fiesta le hacia ilusion, yo estaba más preocupado por las noticias de las victimas que se estaban acumulando en los noticieros londinenses. Tenia curiosidad en saber como estaría afectaría a los vampiros de la zona, si es que de algun modo les afectaba.
Reconocía que el hecho de vivir alejado en ese sentido me era ventajoso, porque asi me libraba hasta cierto punto de las maquinaciones y vivía mas tranquilo, de momento al menos.
Pero para los que me pudieran reconocer, sabía que el verme alli en la fiesta de la mano de una de las jovenes casaderas sin que esta mostrara signos de temerme o de estar bajo mi influencia sería una sorpresa.
Durante el camino a la fiesta trate de aconsejar a Payton como comportarse al estar alli, respondiendo a muchas de las preguntas que me hacía y al llegar allí, me aleje de ella, no sin asegurarle que regresaría pronto a su lado, en parte para que se calmase, y porque no quería que nadie...indeseable se acerase a ella.
Saludé a un par de conocidos mientras me introducía en entre los invitados y veía quienes se encontraban allí, cuidandome de guardar las apariencias.

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Re: Prólogo. Londres, 1885

Mensaje  Gaia el 26/01/11, 03:13 am

Edeline Von Hessel
Con Van Helsing.
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Había sido una tarde estupenda montando a caballo. Alaric había declinado mi invitación alegando que se quedaba a cuidar de padre pero yo sabía que, seguramente, se había encerrado en la biblioteca nada más haber salido yo de camino a las caballerizas.

Desde hacía unos días estaba inmerso en sus pensamientos y no era raro verlo caminando de un lado a otro por el salón cuando nos juntábamos para disfrutar de una sobremesa tras la comida o la cena. Algo rondaba su mente y era fácil deducir que tenía que ver con las recientes desapariciones de niños.

Yo, sin otra opción posible que verlo todo desde la barrera, había decidido que ya había sido lo bastante tolerante con la situación y, tras escuchar su negativa a montar a caballo, decidí irme sola - gracias a Dios mi hermano era bastante libre en ese aspecto y me dejaba libertad para salir y entrar en casa sin compañia-.

La tarde resultó maravillosa. Galopando por las llanuras y arboledas de las afueras de Londres, notando mi corazón latiendo al unísono con el del caballo, había conseguido soltar la adrenalina acumulada y después de varios días encerrada en casa – inclemencias del tiempo – se agradecía un poco de aire fresco.

Mi humor mejoró notablemente y así lo hice saber en casa nada más cruzar la puerta trasera, proveniente del jardín. Pregunté a los sirvientes donde se encontraba mi hermano, dirigiéndome acto seguido a la biblioteca.

- ¿Todavía aquí encerrado?– Pregunté al tiempo que entraba en la habitación- Debiste haberme acompañado, te habría ayudado a despejarte.

Rodeé la mesa de escritorio donde había desparramados algunos libros y le besé en la mejilla.

- Espero que al menos esta noche sí tengas el honor de acompañarme a la fiesta de Lord Sussex. Confirmé nuestra asistencia ayer por la mañana.

Noté que Alaric iba a replicar pero una de nuestras doncellas nos avisó de la llegada de Van Helsing.

- Ya voy yo a recibirlo, gracias Nana – Salí con paso apurado de la biblioteca. Para no hacer esperar a nuestro invitado y para evitar que Alaric – con cualquiera de sus excusas – rehusase ir a la fiesta de Lady Malory.

En la puerta estaba esperando un hombre que debía tener unos pocos años más que Alaric. A pesar de que éramos familia, era un total desconocido para mí y sin ser por el nombre poco más en él me era familiar. Le sonreí cordialmente.

-Buenas noches, Soy el profesor Abraham Van Helsing, perdonen mi llegada a tales horas pero mi horario se ha retrasado más de lo esperado. ¿Es mal momento?

- Oh, desde luego que no señor Van Helsing. Le esperábamos – respondí – pero no se quede ahí fuera, está oscureciendo y el ambiente empieza a enfriar.

Me eché a un lado de la puerta para dejarle pasar y cerré tras él.

- ¿Le apetecerá un té o un café?– Pregunté cordial una vez en el vestíbulo- seguro que necesita calentarse y estará listo en un momento.

Nos dirigimos al salón y nos sentamos en uno de los sofás cercanos a la chimenea.

- Mi hermano bajará en seguida y se unirá a nosotros. ¿Va a quedarse mucho en la ciudad? Si no tiene mejores planes, esta noche puede acompañarnos a una recepción en casa de Lord Sussex. Será una velada espléndida y muy adecuada para hacer sus primeras amistades.
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Re: Prólogo. Londres, 1885

Mensaje  Gaia el 26/01/11, 05:32 am

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Re: Prólogo. Londres, 1885

Mensaje  Invitado el 26/01/11, 02:53 pm

Veronica Framco






Ya hacia un rato q Lord McCrowd se habia marchado dejandome con una sonrisa en los labios, no era pq McCrowd fuera un excelente amante no, pero habia q reconocer q sabia otras formas de hacer feliz a una mujer. Abroche mi pulsera de diamantes y mis pendientes de perla, obsequios de nuestra cita de hoy y complemento perfecto para mi segundo obsequio una invitacion a la fiesta de Lord Susesx.
Me polvoree las mejillas para darles algo de color de forma natural me perfile los ojos con tinta negra y use para os labis un carmin rojo pason -Perfecta… - -dije ante el espejo de mi tocador,, cogii la capa y la invitacion y salli a la puerta donde me esperaba un coche de caballos ya esperándome.

Hacia la mansión Sussex –le dije al cochero…


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Última edición por Sookie el 26/01/11, 03:26 pm, editado 2 veces
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Re: Prólogo. Londres, 1885

Mensaje  Invitado el 26/01/11, 04:27 pm



··Con·· disponible
··En·· consejo de vampiros

Por suerte que bostezar no era para mi una necesidad ya, de no ser así, no hubiese podido reprimir la seguidilla de bostezos que esta reunión me estaba causando, a regañadientes mi clan había aceptado acatar el tratado de Rumanía y, por lo que yo sabía, lo estábamos cumpliendo a cabalidad, además, tampoco era nuestro M.O., eso de raptar infantes y devolverlos, si haces todo el esfuerzo para abducirlos, para qué regresarlos? mejor disfrutar del refrigerio dejar que el río se encargue de hacer desaparecer el cuerpo.
Mi mente ya divagaba hacia pensamientos deliciosos de sangre y placer, mientras que mi vista se posaba fíjamente sobre Rose, tratando de prestar atención, tarea que se me hacía casi imposible, dado que hasta el momento no mencionaba nada nuevo sobre el caso; mi mano derecha jugaba con el anillo de esmeralda y diamantes que nunca me sacaba, testigo de una época ya hace mucho vivida y que extrañaba, la era de los excesos y la que más había disfrutado, época de la cual aún conservaba el nombre.

Finalmente, unas palabras de Rose me trajeron de vuelta al presente...
- En otro orden de cosas, alguno de nosotros debería asistir a la recepción de Lord Sussex esta noche. Seguramente se hable de las desapariciones y es bueno saber que visión tienen los humanos del asunto...
Además, todos sabemos que Lord Sussex es un hombre respetado y es importante seguir manteniendo buenas relaciones con él. Yo tengo pensado asistir, tengo negocios que solucionar allí. Pero me gustaría saber si alguien más va a hacerlo-
Levanté mi mano de manera elegante, al tiempo que decía -yo iré- nunca dejaba pasar una buena fiesta...


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Re: Prólogo. Londres, 1885

Mensaje  Invitado el 26/01/11, 05:13 pm



··Con·· disponible
··En·· baile, mansión Lord Sussex

Tenía un trato con mi madre, podía reclamar todo lo que quisiera dentro del carruaje, pero una vez llegado a nustro destino, tenía que fingir ser una damita callada, tímida, tonta e ingenua, lo que para ella equivalía a la mujer perfecta, esa que era un buen partido y sólo servía para tejer crochet y parir hijos... total, si el marido quería divertirse, lo hacía fuera de casa, para eso estaban las putas; si quería conversar cosas interesantes, para eso estaban los clubes de caballeros; y si quería un té con limón, le pedía a la esposa que se lo trajera... la vida del gomero, relegada a un papel de planta de interior, con una boca que sólo servía para sostener sonrisas vacías y palabras ligeras... "sí, querido..."; "sí, mi amor...", "cómo digas, cariño..."... puajjjj.....
Bajamos del coche y sentí que mamá me pegaba un leve codazo, muy suil para que el resto se diese cuenta "cambia esa cara, niña, así no vas a conseguir a ningún hombre que se fije en ti!"... claro, como si a ellos les interesase mi estado de ánimo y humor.. "en serio, madre? yo pensé que mi dote era atractivo suficiente para cualquier zángano con título y corto de dinero" espeté sin dejar de sonreir como tonta, ya me empezaban a doler las comisuras de los labios y la velada recién comenzaba...
Apenas entramos, nos recibieron nuestros abrigos y me entregaron la libretita de baile, puse los ojos en blanco pero no pude suprimir un bufido, lo que me ganó otro sutil codazo.... "sí, madre" repliqué, con una voz tan falsamente dulce que ahora fue el turno de mi madre de bufar.. "puedo ir a ver a mis amigas?" dije, esperando que me diese permiso y así poder escaparme un rato de su estricta mirada; tan pronto asintió me escabullí con dirección a un balcón, necesitaba aire fresco....



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Re: Prólogo. Londres, 1885

Mensaje  Invitado el 26/01/11, 09:00 pm

Sherlock Holmes


La puerta del aposento alto del 221B de Baker Street se abrió bruscamente golpeando la pared mientras yo entraba eufóricamente, dando largas zancadas. Watson, que reposaba tranquilamente en una silla de la sala de estar leyendo un libro, casi deja caer su pipa por la sorpresa ante mi furtiva entrada.

- Este caso es fascinante, Watson
– le dije casi gritando, mientras continuaba mi dinámico andar hasta el extremo opuesto de la sala, y daba una rápida vuelta para regresar sobre mis pasos -. Desafía toda lógica, evade cualquier explicación, pero usted sabe bien a esta altura que todo puede ser explicado por medio de la ciencia de la deducción, es solo cuestión de saber observar los indicios.

Me detuve junto a la puerta solo por un segundo, para empujarla nuevamente contra el marco hasta cerrarla, y volví a iniciar mi paseo sin destino por el interior de la sala, con un brazo tras mi espalda y una mano en el mentón, pensativo. Tras un instante de silencio me detuve frente a Watson, que aún no había conseguido articular palabra.

- Vampiros – murmuré y volví a caminar sin rumbo.

Watson se inclinó hacia adelante, y abrió la boca para hablar, pero yo me di vuelta hacia él y levanté los brazos interrumpiéndolo con un nuevo grito.

- ¡Vampiros! – reí – Dicen que son vampiros, Watson ¿Puede creerlo? – hice una pausa – Recuerda el caso del vampiro de Sussex* ¿verdad? Si no me equivoco, fue una de las últimas aventuras que usted documentó en sus relatos. La ausencia en los últimos casos que resolví de características asombrosas, quizá, debe ser la razón por la que ha pasado tanto tiempo desde que usted considerara que valiera la pena tomar la pluma y el papel. Pero esto promete reavivar la llama de su interés, mi querido Watson.

Me dejé caer en mi sillón, relajándome finalmente tras mi euforia inicial, y estiré una mano para tomar la pipa y el tabaco de la mesita junto a la ventana.

- Quizá recuerde que en aquella ocasión, el Sr Ferguson acudió a nosotros con un caso de lo más peculiar. Sospechaba que su esposa peruana era alguna especie de vampiro y se alimentaba con la sangre de su bebé. La realidad, como de costumbre, resultó depender de una explicación mucho más compleja pero a la vez evidente, sin los componentes sobrenaturales a los que se apresura a acudir la mente débil cuando no encuentra explicación.

Encendí la pipa y disfruté su aroma y sabor por un momento, dejando que relajara mi agitación, repantingándome en el sillón. Observé a Watson mientras él recordaba los detalles del caso mencionado. Era evidente cómo se había acostumbrado a mis cambios bruscos de ánimo, y ya no se mostraba sorprendido porque días atrás yo me encontrara en este mismo sillón, hundido en su comodidad, sin afeitarme por días y con la sola compañía de mi Stradivarius, llenando el aire de nuestro piso compartido con melodías tristes y melancólicas, intercaladas con algun ritmo más acelerado, solo para volver a sumirme en notas débiles y taciturnas. Cuando el inspector Lestrade, de Scotland Yard, acudió para informarme del caso de los niños desaparecidos, que reaparecían con heridas en el cuello y mencionando una “Dama de la Sangre”, fue una vez más como si el aliento de vida volviera al cuerpo abandonado e inútil en que estaba convertido desde que la emoción de mi último caso me abandonó. Una visita al lugar donde el último niño había sido encontrado fue el paso inicial que me puso en la pista de un nuevo caso, y ya estaba de lleno metido en este laberinto con aroma a sobrenatural; sospechas fantasiosas que debería encargarme de desmentir por medio de deducciones prácticas. Volví a hablar, ya con más calma en mi voz.

- Sin embargo este caso de los niños desaparecidos es algo completamente distinto. Aquí no hay un hermanastro mayor celoso que utilice dardos para envenenar a un crío indefenso, obligando a su madre a succionar la sangre y con ella el veneno. No hay una conexión entre los niños, ninguna que haya podido encontrar todavía, al menos. No parece existir una finalidad en concreto que afecte a las jóvenes víctimas.

Me incliné hacia adelante en el asiento, observando a mi viejo amigo, mientras volvía a llevar la pipa a mi boca, y guardé silencio por unos instantes antes de volver a hablar. Cuando lo hice, me puse de pie y caminé al otro extremo de la sala, donde sobre una mesa reposaba parte de mi equipo de tubos de ensayo, mecheros, frascos y demás instrumental químico.

- Me resultaría muy interesante saber cuál es su punto de vista con respecto a todo esto, Watson. Confío en que estará informado del caso gracias al periódico, aunque no me haya acompañado aún en mis propias investigaciones ¿verdad?

Mientras hablaba, saqué de mi bolsillo un pañuelo blanco arrugado y lo desdoblé sobre la mesa junto al instrumental que tenía desparramado allí. Al abrir el pañuelo, pudo verse una mancha roja oscura, casi marrón, en medio de la tela blanca. Tomé un bisturí, con el que comencé a raspar la mancha para retirar parte de la sustancia y colocarla en un tubo de ensayo.


(*) El caso al que hace referencia es el de La aventura del vampiro de Sussex, uno de los relatos que aparece en el último libro del canon holmesiano: El archivo de Sherlock Holmes. Aunque es uno de los últimos relatos de Sherlock Holmes, lo mencioné como un caso pasado porque me pareció que sería más interesante de esta manera para el rol.
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Re: Prólogo. Londres, 1885

Mensaje  coralιne el 26/01/11, 10:07 pm

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Anne Marie Avencsuix

●En el Consejo de Vampiros
●Ft. Rose Le Prince, Livia, Katherine, Elizabetta Bathory y demás vampiros que allí se encuentren

Siempre me había impresionado la gran estructura del edificio en donde el consejo de vampiros se reunía. Tomé asiento en una de las granes sillas tapizadas de terciopelo rojo y me dispuse a escuchar todo lo que allí se trataría; empezabamos a llamar escandalosamente la atención. Si bien era cierto que el tratado no se había violado, muy a mi pesar que moría de ganas por acabar con la vida de algún mortal, el periódico empezaba a hacerse eco de las desapariciones de algunos sujetos, los cuales aparecían horas después con marcas en sus gargantas.
Scotland Yard parecía estar cerca de nosotros en sus investigaciones, y aunque no habían nombrado en ningún momento la palabra "vampiro" si comenzaban a sospechar que no era un único culpable de las desapariciones, sino más bien un grupo...

Rose Le Prince llegó en último lugar, acompañada de sus fieles seguidoras. Las grandes puertas de la sala se cerraron tras ella y las tres tomaron asiento. Poco tardó en ponernos en antecedentes. Escuché atenta todo lo que tenía que decir, y si bien pensé que tenía razón en lo que ella explicaba, me dió rabia que aquello fuera así, ya que yo acataba aquel tratado a regañadientes, pero en el fondo tampoco quería llamar la atención hacía nosotros.

Alguien habló para referirse a lo que había salido hoy en el periódico. La famosa "dama de sangre" que había mencionado un niño iba a dar que hablar. Le Prince se puso a la defensiva y yo miré con los mismos ojos de ira a aquel infeliz, ya que también me sentí atacada; después de todo, allí habíamos varias "damas de sangre".

Una vez pasado ese momento de tensión, los fundadores decidieron el castigo a llevar a cabo y Le Prince volvió a tomar la palabra.


- En otro orden de cosas, alguno de nosotros debería asistir a la recepción de Lord Sussex esta noche. Seguramente se hable de las desapariciones y es bueno saber que visión tienen los humanos del asunto. Además, todos sabemos que Lord Sussex es un hombre respetado y es importante seguir manteniendo buenas relaciones con él. Yo tengo pensado asistir, tengo negocios que solucionar allí. Pero me gustaría saber si alguien más va a hacerlo.

Una de las seguidoras de Le Prince murmuró algo para la otra, sino recordaba mal se llamaban Livia y Katherine, pero no llegué a escuchar lo que era. Acto seguido Elizabetta Bathory, la cual se encontraba junto muy cerca mio, dijo que ella iría.


-yo iré

Yo no sería menos. Tenía ganas de una buena fiesta y desde luego las que se daban en ésta época eran fantásticas.

-Yo también. -dije dirigiendome al consejo y en concreto a Rose Le Prince.- Como bien dices, Rose, nos vendrá muy bien saber la versión que tienen los mortales de todo ésto, sin contar que será interesante - por no decir divertido- escuchar las distintas versiones que pueden haber inventado. Asi que contad conmigo para informar de cualquier asunto que puedan escuchar mis oidos y que me resulte peligroso para nosotros.

Una cosa era no estar a favor del tratado y seguirlo con gran pesar, y otra muy distinta querer que la sociedad inglesa comenzara a creer en vampiros.
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Re: Prólogo. Londres, 1885

Mensaje  Invitado el 27/01/11, 03:46 am

CONNER McALLEN
En el consejo de Vampiros con todos los presentes

La reunión había comenzado, y de ante manos se sabía cual sería el tema a tratar, ya de por si era malo llamar la atención pero niños, esto era definitivamente malo, y así dicho y hecho inició hablando LePrince sobre el tema en cuestión, lo bueno es que fué directamente al grando buscando una solución, lo cual asentí con la cabeza, ella continuó hablando y de reojo miraba a varios que estaban sobre la mesa, hasta que en un momento mencionó el que nosotros encontraramos a los responsables de lo sucedido y ponerlos en la hoguera cosa que por un momento hizo dejar sobre los presentes un silencio que después rompió en murmullo entre todos en ese momento hasta que Leprince pidió silencio con un sutíl movimiento de manos pero hubo alguien que continuó hablando lo cual negué con la cabeza, enseguida ella defendió su clan.. al final cambió de tema

En otro orden de cosas, alguno de nosotros debería asistir a la recepción de Lord Sussex esta noche. Seguramente se hable de las desapariciones y es bueno saber que visión tienen los humanos del asunto . Además, todos sabemos que Lord Sussex es un hombre respetado y es importante seguir manteniendo buenas relaciones con él. Yo tengo pensado asistir, tengo negocios que solucionar allí. Pero me gustaría saber si alguien más va a hacerlo.

Widmer fue la primera en hablar aunque su comentario más bien casi lo ignoré, Bathory también dijo que iría y también Avencsuix pero ella agregó que era buena idea asistir para saber distintas versiones sobre el tema y que pudieron haber inventado, lo cual enseguida levante la mano

Cada uno de nosotros o al menos en su grán mayoría nos hemos integrado a la sociedad haciendonos pasar por simples mortales, y en distintas ramas, creo que todos los clanes presentes tienen sus negocios que imagino son en beneficio para ellos.. Bien es sabido que en este tipo de sociales, se cocinan los negocios más importantes. Nuestro clan tiene ciertos negocios de expansión lo cual nos conviene y al menos yo asistiré, también me propongo averiguar que están rumorando.

Dije mirando a todos

Doy a entender también ante el consejo que si el o los responsables son encontrados por nuestro Clan, los culpables de estos sucesos serán tratados conforme al consejo lo requiere...
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Re: Prólogo. Londres, 1885

Mensaje  Invitado el 27/01/11, 05:19 am

Sebastian Blake
con Rose Le Prince, Livia, Katherine, Elizabetta Bathory, Anne Marie Avencsuix, Conner McAllen y demás vampiros en el Consejo

Terciopelo, velas y ornamentos. Grandes capas oscuras cubriendo trajes a medida, entallados a cuerpos torneados y bellos, cubiertos por esa pálida piel angelical de la muerte eternizada. Rostros perfectos de ojos brillantes y llenos de encanto, sonrisas deslumbrantes y blanquísimas. Imponencia y orgullo de criaturas centenarias moldeadas por el paso de generaciones, enriquecidas con las más variadas culturas y civilizaciones.
Todo eso estaba en aquella sala, donde parecía que el espacio y el tiempo habían desaparecido para reunir en un mismo lugar a las encarnaciones de toda época y lugar, como si no existieran las limitaciones de la realidad.
Muchos habían vivido otras asambleas, pero en mi caso, era la primera vez que asistía a una de ellas, y que veía al Consejo de Londres, y a tantos representantes de los distintos clanes reunidos en un mismo lugar. Aquel ambiente me intrigaba. Era fascinante ver las diferencias abismales que había entre aquellos seres como yo y los seres humanos entre quienes caminabamos fingiendo ser parte de su sociedad, y a la vez las profundas similitudes. Las emociones, los pensamientos, aún tan humanos, incluso en los más antiguos. Todos habíamos sido alguna vez mortales y yo podía ver con total claridad, aunque no todos fueran capaces, y muchos lo negaran, el lazo que aún unía a cada uno con las raíces de su vida mortal.

Y era sorprendente como un hecho tan mundano, algo insignificante como un par de niños desaparecidos y encontrados con rumores inexplicables, envueltos en un aura de misterio y temor, podía disparar una reunión de tal magnitud.
Me mantuve en silencio al comienzo del evento, observando, escuchando, deduciendo. Viendo en todo aquello lo que otros no parecían ver. Que había algo más detrás de aquella asamblea que aquel caso tan ambiguo, donde no se rompía ninguna ley pero se amenazaba con destruirlas todas. Cualquier clan podría haberse hecho cargo del asunto sin involucrar al resto, sin embargo allí estabamos todos. Y no podía dejar de pensar que había algo más que nos reunía allí, algún motivo oculto que pocos sabían y que la mayoría saldríamos de allí sin descubrir siquiera.
Y que quien hubiera provocado aquello era alguien astuto, que sabía cómo sutilmente llamar la atención de humanos y vampiros, sin revelarles nada, ni sus intenciones ni la realidad de sus acciones, solo un vistazo de sus repercusiones, lo suficiente para ponernos en alerta pero no demasiado. Todos veían el caso de los niños como el accionar de un vampiro impulsivo e irresponsable. Yo veía algo más. Veía un movimiento estratégico muy discreto, algo que probablemente formara parte de un plan mayor. Y sentía que todos eramos parte de aquel plan maestro que no había hecho más que comenzar. Y por eso estábamos allí reunidos. Sin saber que formabamos parte de un gran juego colosal y peligroso.

Pero claro, no podía compartir mis sospechas con nadie. ¿Quién escucharía al novato del clan Blake con sus locas sospechas infundadas? ¿Qué significaba para los más antiguos y poderosos la intuición de un joven que solo estaba ahí porque su clan respetaba el doble vínculo con el Maestro? Había sido enviado como representante del clan Blake solo porque los demás consideraron que Marcus, nuestro Amo, estaría de acuerdo en enviar a aquel que no solo era hijo suyo por la sangre inmortal, sino por un lazo familiar de centenares de años de descendencia. Todos creían que si Marcus estuviera allí, yo sería algo así como su hijo predilecto. Yo no estaba tan seguro, pero había asistido a la asamblea porque quería conocer el Consejo. Me habían acompañado dos de los miembros del clan más antiguos, un vampiro de aspecto adulto, cuerpo pequeño y ojos grandes y mirada cínica, que parecía más inofensivo de lo que realmente era, y un tipo enorme y musculoso que debió ser aterrador incluso cuando era mortal. Ambos permanecían de pie contra la pared detrás mío, junto a otros vampiros que no se habían sentado en la gran mesa al centro del recinto. Yo estaba sentado en una de aquellas lujosas sillas cubiertas de terciopelo, escuchando todo lo que se hablaba, cuando al ver cómo la conversación se convertía en una ridícula lista de asistencia a una fiesta de sociedad humana, decidí intervenir.

- Me parece que nos estamos desviando del tema que nos ha traído aquí, si me permiten opinar.

Sentí cómo el vampiro corpulento a mis espaldas se alejaba un poco de la pared, como alerta, sorprendido de que yo hubiera hablado. Ambos creían que yo estaba solo para observar y no intervendría.

- ¿Cómo se supone que van a encontrar a esta supuesta "Dama de Sangre" a quien pretenden castigar? ¿Nadie se pregunta siquiera quién es y por qué lo hace?

- ¿Acaso no es obvio? - escupió las palabras un vampiro rubio de aspecto nórdico sentado frente a mí del otro lado de la mesa - Es alguna estúpida neófita impulsiva que se cree más allá de la discreción que nos mantiene a todos en el anonimato.

- ¿De verdad creen eso? - pregunté inclinándome hacia adelante en la silla y apoyando los codos sobre la mesa a la vez que entrelazaba los dedos de ambas manos delante de mi rostro - Si es una joven vampiresa impulsiva, como sugieren ¿cómo es posible que se controle lo suficiente para dejar a sus víctimas con vida y sin mayor daño que una ligera pérdida de sangre y algunos delirios? No sé ustedes, pero mis primeros años después de nacer a las tinieblas, la sed era un ansia tan potente que me hubiera resultado imposible ejercer un control así. Menos aún sin un buen motivo, y ya que asumen que esta Dama está simplemente mostrando desinterés por nuestras leyes, no comprendo por qué habría de actuar tan indiscretamente sin tener una buena razón.

Volví a echarme hacia atrás, apoyándome en el respaldo de la silla y cruzando las piernas delante mío, con un brazo sobre el apoyabrazos y el otro dentro de la solapa de mi chaqueta.

- Creo que se trata de algo más complejo, pero además estamos olvidando otra cuestión - saqué del interior de mi abrigo un periódico de ese mismo día, y lo lancé sobre la mesa -. Los humanos.

Miré a los demás, mientras los murmullos se extendían por la sala.

- Ellos también están investigando el caso, y aunque el Consejo haga justicia con el responsable de provocar este escándalo, la sociedad no olvidará tan rápidamente el asunto si no les damos una resolución coherente. Así que propongo que dejemos de hablar de fiestas y bailes, y pensemos cómo encontrar al culpable antes de soñar con torturas y hogueras, y que sea ideado también un buen chivo expiatorio que darle a los humanos antes de que sus investigaciones los lleven a las puertas de nuestra secreta vida nocturna. Si les tendemos alguna pista falsa que los lleve camino a una respuesta, ellos se encargarán de creer la mentira y olvidar las teorías que nos pongan en riesgo a nosotros.

Clavé la mirada en Rose LePrince, que había estado observándome en silencio, analizando lo que yo decía tal vez, o quizá sorprendida también por mi intervención. Sospechaba que no muchos vampiros tenían la osadía de desafiar así la calma de una asamblea en su primera asistencia. Sonreí de costado sin dejar de mirarla y luego de sostener la mirada por un instante, la desvié lentamente hacia el vampiro nórdico que me había respondido antes, y que ahora callaba, con la mirada perdida, seguramente pensando en mis palabras, como muchos probablemente lo hacían.



Spoiler:
Perdón, prometo que no siempre voy a escribir tan condenadamente largo... XD
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Re: Prólogo. Londres, 1885

Mensaje  dynamo el 27/01/11, 08:08 am

Lady Camille Axelsson
En Muelle, después rumbo a Mansión Sussex

La noche había inundado con su fresco y seco manto todas las calles de Londres, que como siempre a estas horase veían abundadas de mujeres baratas y hombres desesperados por unas cuantas mentiras sabor a amor, aunque...considerando las celebraciones que se tenían hoy podía predecir que vería menos gente, ya que ambas clases sociales tenían hoy fiestas cada cual por su lado.

Esperaba poder asistir a la Mansión Sussex, no por gusto, ya que odiaba aquellas pomposas y petulantes personas haciendo alarde de cuanto dinero tenían, al contrario planeaba ir para así intentar conseguir algo de información acerca de los hechos ocurridos en los alrededores, tenía la suerte de contar con la fama que Albert me había proporcionado y por lo tanto no me era difícil incorporarme a los eventos burgueses, pero creo que me era más que complicado tener que soportar el tipo de personas que asistían sólo para conseguir algunos datos que al final eran inútiles.

Me había preparado como siempre antes de salir, le indiqué al chofer me llevara cerca del muelle, ya después me iría a la mansión Sussex, pero antes debía ver a alguien ahí. Esta noche vestía un elegante traje de seda, una peineta de perlas y unas zapatillas que Albert me había regalado en uno de nuestros viajes a Francia en busca, como era costumbre, de algunos vampiros que necesitaran escarmiento; además llevaba conmigo unos cuantos accesorios más...digamos herramientas de trabajo: dos pequeñas y muy delgadas estacas de plata muy bien guardadas en mi ligero, así como unos pequeños frascos de aguas bendita en mi bolso; traía conmigo también un crucifijo que colgaba de mi cuello y que era cubierto por los adornos de mi escote.

El camino hacia el muelle llegó a su fin, Jeremiah se detuvo y me abrió la puerta dándome a si mismo la mano para bajar del vehículo.

Jeremiah: ¿mi Lady está usted segura que desea estar en este lugar sola?, si usted lo desea puedo esperar el tiempo que sea necesario- me dice con voz cansada, yo miro rápidamente a los alrededores y después le miro-

Camille: no te preocupes estaré bien -le digo con una cálida sonrisa- ahora sigue mis órdenes y vuelve por mí a la medianoche en la Mansión Sussex-añado posando mi mano en su espalda, sin duda Jeremiah es un hombre leal y de los pocos en quien puedo confiar, pero en este tipo de situaciones no quiero que él se vea involucrado de ninguna manera...-
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-Está bien señorita, pero prométame que tendrá cuidado...el señor Albert no debió haberla dejado a cargo de esa demoniaca profesión que por tantos ellos llevó a cabo- me dice, yo sonrío y él se dirije con la mirada baja hasta la carreta, la cual hecha andar con un fuerte azote de las cuerdas, yo le miro mientras desaparece en la niebla provocada por la húmedad de las turbias aguas.-

Una vez que Jeremiah se ha ido me dispongo a dirigirme hacia el muelle donde he pactado una cita con Caruso, ese despistado pero confiable seminarista que se ha convertido en mi fuente de información más constante hasta ahora...me acerco lentamente al muelle y mientras la niebla se va despejando a mi paso noto una figura en la punta del muelle, sin duda es Caruso, quien por la cara que tiene debe estar esperándome ya algo de tiempo...

-No te espantes con mi presencia...-le digo y suelto una sonrisa, él me mira y con su gesto puedo denotar que este tipo de encuentros lo matan del miedo- me demoré más de lo previsto, te debo una disculpa por eso...-le digo mientras me acomodo el cabello detrás de la oreja-

Caruso: me pregunto porque sigo acudiendo a tus citas en este horrendo lugar...¿no podríamos vernos en tu mansión, o al menos a las afueras del seminario?-me pregunta mientras se frota los brazos a causa del húmedo frío-

-¿Y dejar a un lado el ambiente de misterio que hace el muelle? -le digo bromista- sabes que es muy peligroso si alguien descubre que ambos hacemos esto...además nadie nunca visita este lugar una vez que el sol cae en el horizonte-añado- ahora pasemos a lo que nos ha traído aquí una noche más, así te podrás retirar y acabarás con tu pesar- le digo, se que no es muy grato para él estar en este lugar bajo la luz de la luna y sobre todo con el asunto de los ataques-
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-Siento decirle que aún no he podido saber nada sobre los ataques, nadie sabe quien o que los provoca...el modus operandi sigue siendo el mismo...-me dice, yo le miro algo desilusionada, al parecer lo que se dice es cierto, nadie sabe nada sobre lo que sucede...- pero...te tengo una buena noticia- añade, yo vuelvo a retomar las ansias de saber algo de buena información- me he enterado de que el Profesor Van Helsing está por estos rumbos, así es, el hombre con la fama de una leyenda en los ámbitos secretos de los temas que tanto le apasionaban al señor Albert y ahora a ti está en Londres- me dice, una sonrisa se dibuja en mi rostro...no me pudo haber dado mejor noticia-

-Caruso!! eso es...eso es...perfecto!!, Albert siempre me habló de Van Helsing como no tienes idea...-le digo emocionada- no puedo creer que el mismo profesor Abraham Van Hlesing esté en Londres- añado, enseguida miro un pequeño reloj de mano con baño de oro y me doy cuenta de que debo partir o me perderé la fiesta Mallory-

-Debo partir, la noche apenas comienza para mí...te agradezco enormemente la información-le digo y le beso la mejilla, enseguida me alejo de él y empiezo a caminar por el viejo muelle con dirección a la Mansión Sussex, pero antes me detengo y miro a Caruso- ¡la próxima vez buscaré un mejor lugar para vernos!-le grito desde donde me encuentro, él me sonríe y yo sigo mi camino...ahora se que además de buscar información sobre la llamada "Dama de Sangre" debo de lograr un encuentro con el Profesor Van Helsing-

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Re: Prólogo. Londres, 1885

Mensaje  Gaia el 27/01/11, 11:08 pm

Sitúo y me pongo a dar:

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Con: Derek
Espero
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En: Mansión Londres, robando
Con: Malachias Swithal
Espero
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En: Consejo de vampiros
Con: Livia, Kaherine, y resto de fundadores
Debo
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En: Calle, Whitechapel
Con: XXXX
Encontrable

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]Edeline Von Hessel
En: Mansión Von Hessel
Con: Van Helsing
Espero
[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]Elizabeth Cassidy
En: Casa
Con: Jane
Debo
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Re: Prólogo. Londres, 1885

Mensaje  Invitado el 28/01/11, 01:03 am

Abraham Van Helsing

Aquella joven resultó ser Edeline Von Hesse. Denotaba exquisistas y discretas maneras, sin duda algo primordial en un tipo de familia como las nuestras donde prácticamente, desde los primeros ancestros que conforman nuestros árboles genealógicos, tienen en su haber la dicotomía en la que nos hallamos, la apariencia de la vida monotona de todo ser mundano, y la realidad lasciva y peligrosa de las criaturas detestables de la noche.
Tras una cordial bienvenida y una excueta puesta al día, la joven inició una conversacion que pese a parecer meramente amable y banal a mí me dio la sensación, en el fondo, de algo más.
-Gracias por la invitación, un té seria algo que ahora mismo agradecería en buen grado, sí. Respondiendo a su pregunta, de momento estaré cierto tiempo, dependiendo de cuanto se tarden los negocios que me han traído hasta aquí
Sonreí mientras nos sentábamos en el salón. Tras su pregunta, acto seguido, los criados dispusieron un pequeño acompañamiento a la citada bebida que ya humeaba servida en las tazas. Mientras, tras un asentimiento de agradecimeinto e invitación a partes iguales, alargaba yo mismo la taza para llevarla a mi boca, estudié la figura de aquella muchacha preguntándome si podía saber algo sobre las actividades más privadas de su hermano, y de ser afirmativa la respuesta, hasta qué punto sabía y participaba.
-¿Un baile? Por lo que puedo imaginar, al tratarse de un evento en casa de un Lord, y perdone por mi ignorancia al respecto de las costumbres protocolarias en la ciudad, ha de ser algo importante-Me quedé pensativo.-¿Sabe Edeline? Creo que, si a su hermano no le resulta una molestia mi presencia tan repentina y no es un incoveniente, será todo un placer ir a dicho evento
Con una sonrisa la miré dejando que el té calentase mi garganta y mi estómago, algo que necesitaba en el frío londinense. Sin duda aquel baile iba a ser algo más que una reunión social de la aristocracia. Había algo que no cambiaba, concurrencia de gente y caprichos, igual a posible presencia de indeseables vampiros.
-Y dígame Edeline... ¿Qué puede contarme de esta cuidad mientras lelga su hermano? He visto que hay cierto revuelo ultimamente...
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Re: Prólogo. Londres, 1885

Mensaje  Gaia el 28/01/11, 02:31 am

Elizabeth Cassidy
Con Jane
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Me senté en la cama, frente al espejo, observando mi pelo enmarañado. Con pausa, pasé por el mis dedos intentando domarlo sin éxito. Un movimiento a mi lado y al segundo, una cabeza se reflejo junto a la mía en el espejo, besando mis hombros.

- Tiene que irse ya, milord.

Se detuvo y encontró su mirada con la mía en el espejo.

- Se lo dije, hoy tengo otros asuntos que atender. Por favor, debe irse.

Él medio sonrió, bajo la vista y comenzó a besar mi cuello.

- Vamos – dijo entre besos -, seguro que eso que tienes que hacer puede esperar un día más.

Deslizó uno de sus brazos desde mi cadera al abdomen intentando que me tumbara de nuevo. Bruscamente me deshice de sus brazos levantándome de la cama para encararle.

- Le he dicho que no – rechacé -.

Enfurecido, él también se levantó de la cama. Instintivamente, dí un par de pasos hacia atrás cuando lo vi acercarse pero no me libraron de recibir un bofetón que me tiró sobre la cama.

- Maldita zorra barata. Eso te enseñará modales.

Me llevé las manos a donde había recibido el impacto y me mantuve acurrucada en la cama mientras él acababa de
vestirse. Cuando hubo finalizado, de mala gana me tiró dos monedas a mi lado y salió del apartamento. Cerré la puerta tras él con los ojos llorosos.


Regresé a la habitación y miré en el espejo mi mejilla dolorida. Estaba roja e inflamada pero con suerte no pasaría de eso. Mojé un paño en el cuenco de agua que tenía sobre una de las mesitas del dormitorio y me la apliqué durante unos instantes. Cuando el dolor hubo disminuido, comencé a vestirme. Al rato, en la calle, el lejano sonido del Big Ben indicó que eran las ocho de la tarde. Jane ya debería estar llegando.

Me asomé a la ventana, justo para verla aparecer unos instantes mas tarde. Le sonreí y la saludé agitando mi brazo. Un segundo más tarde desaparecí de su vista para lanzarme escaleras abajo y correr a su encuentro.

Me tiré sobre ella, literalmente, abrazándola, haciendo que soltara de manera brusca sus maletas. Me separé por un instante y volví a abrazarla.

- Prima Elisabeth, ¡como has cambiado!- exclamó Jane al tiempo que nos separábamos.

- Londres es una ciudad que te obliga a cambiar, ya lo comprobarás – contesté con una sonrisa-. Pero deja que te mire – dije obligándola a dar una vuelta alrededor de su misma-, tú también has cambiado y tu cuerpo ha crecido justo en las zonas donde tenía que crecer – comenté con una sonrisa muy poco decorosa-.

Sin darle tiempo a decir nada, recogí sus maletas para entrar al vestíbulo del edificio.

- Este es el vestíbulo. En ese piso vive la casera. Yo vivo dos pisos más arriba- comenté empezando a subir por unas escaleras estrechas y mal iluminadas – Al principio es difícil subir sin tropezarse pero con el tiempo lo harás casi sin mirar y créeme, tus nalgas agradecerán que vivas en un segundo piso. En dos semanas estarán tersas y lustrosas – reí.

Tras subir el último piso y con la respiración agitada, llegamos a la puerta del apartamento. Dejé las maletas en el suelo y abrí la puerta dejando a Jane que entrase primero.

- Date prisa deshaciendo las maletas – la avivé -. Hoy vas a descubrir como nos divertimos en Londres. ¿Te apetece ir a cenar a Whitechapel? – pregunté con una sonrisa en mis labios.
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Re: Prólogo. Londres, 1885

Mensaje  Gaia el 28/01/11, 05:34 pm

Rose Leprince
(con Katherine, Livia, Anne Marie, Elizabetta, Corner, Sebastian y demás vampiros…)
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Tan pronto como escapó de mis labios el comentario sobre la fiesta de Lord Sussex me arrepentí de haberlo formulado. La reunión pareció perder su solemnidad y seriedad para convertirse en un frívolo intercambio de comentarios más propio de jovencitas casaderas que de vampiros centenarios. Y todo había comenzado por una de mis seguidoras.

Me llevé una de mis manos a la frente, bajando la cabeza y ocultando mi crispado rostro mientras la conversación se diluía entre hermosos caballeros que asistirían, rumores que escuchar cual inmorales sirvientes y negocios que solucionar. Dejé escapar un sonoro suspiro recostándome sobre mi silla, intentando asumir que para los clanes una fiesta de sociedad era más importante que nuestro futuro más inmediato.

- Me parece que nos estamos desviando del tema que nos ha traído aquí, si me permiten opinar.

Sorprendida por escuchar algo con coherencia, me erguí ligeramente en la silla para comprobar que era Sebastian Blake – nuestro más reciente miembro – el que había hablado.

- ¿Cómo se supone que van a encontrar a esta supuesta "Dama de Sangre" a quien pretenden castigar? ¿Nadie se pregunta siquiera quién es y por qué lo hace?

- ¿Acaso no es obvio?Replicó uno de los fundadores, al otro lado de la sala - Es alguna estúpida neófita impulsiva que se cree más allá de la discreción que nos mantiene a todos en el anonimato.

- Neófita o neófito – interrumpí, queriendo aclarar -. “Dama de sangre” es un simple nombre, podría ser cualquiera de nosotros. No eliminéis a todo un género por un torpe calificativo dado por los humanos, sabemos lo volubles que pueden llegar a ser – aseguré -. Lo único que podemos vislumbrar del culpable es que es inexperto y de no mucha edad.

Blake rebatió nuestras primerizas ideas con un argumento que ninguno de nosotros habíamos pensado. El poder
de la sangre. Éste era muy poderoso al comienzo y, como bien decía, era incontrolable. Demasiado. Imposible o muy improbable conseguir dejar a alguien con vida en los primeros años de existencia como ser de la noche. Sin duda, ese era un hecho que cada uno de nosotros habíamos pasado por alto.


- Creo que se trata de algo más complejo, pero además estamos olvidando otra cuestión
– lanzó a la mesa el periódico de esta mañana-.Los humanos.

Permanecí en silencio dejándolo argumentar. Su visión había abierto nuevos flancos que solucionar en relación con los humanos. No podíamos solucionar el problema de espaldas a ellos si nuestros actos implicaban a su sociedad y nuestros actos la habían afectado y moldeado de tal forma que casi estábamos al descubierto. Blake propuso facilitar un cabeza de turco a los
humanos con el que cerrar las investigaciones y alejar las sospechas de nosotros.


Me miró, devolviéndole yo la mirada. El silencio se extendía como si fuera un asistente más. Su intervención había sorprendido a toda la sala pero yo no podía estar más complacida. Bajé la cabeza casi imperceptiblemente dándole mi aprobación, sonriendo ligeramente después.

El silencio reinó en la sala durante unos instantes más mientras las palabras de Sebastian parecían descansar sobre las paredes, como el poso del té en las tazas de porcelana.

- Sin duda alguna nos encontramos ante un problema mucho mayor al que inicialmente pensábamos – argumenté rompiendo el silencio-. Y obvio es que los argumentos de Sebastian no pueden ser ignorados. Ya no estoy tan segura de que se trate jóvenes neófitos y de su poca discreción con unos niños – Dejé mi vista en algún punto entre la sala y el horizonte, pensativa -. Es algo más, puedo sentirlo. Pero hay algo que se nos escapa, que se nos está pasando por alto.

Tensioné la mandíbula, apretando los dientes. Odiaba notar que algo se escapaba a mi control y eso, exactamente, era lo que estaba pasando.

- Debemos solucionar este malentendido con los humanos de manera veloz y eficaz. Facilitarles una
solución momentánea, una cortina de humo que aleje sus investigaciones para poder actuar libremente y bajo nuestras leyes. ¿Alguna propuesta?


Miré a la sala, esperando esta vez algo más que banales y superfluos comentarios.
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Re: Prólogo. Londres, 1885

Mensaje  Miss_F el 28/01/11, 06:33 pm

Lady Eve Ackerman
(en la Mansion Sussex, encontrable)

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Dada la nefasta situación de mi familia, mi padrastro había asignado a mi entera disposición una carabina, con la intención de suplir la presencia de mi madre y la misteriosa desaparición de mi nuevo hermano, que le habia ausentado de forma un poco descortés, de la presentación de Lady Malory.

El carruaje nos dejó en la entrada de la casa Sussex, no había visto tanta ostentación junta desde nunca, jardines laboriosamente cuidados, diminutas luces que iluminan el sendero hacia la entrada y lo que parecía un ejército de cocheros prestando su atención a los recién llegados, ayudando a las damas a bajar de los coches y proporcionando indicaciones a los caballeros.

La fiesta había comenzado hacia ya media hora, en el decoro de estos bailes, la ley no escrita ordena acudir a las damas preferentemente con una hora de retraso, pero teniendo en cuenta que quería ver a Amy y ver como se encontraba, azuce a mi desconocida niñera para asistir antes de tiempo.

Tras pasar por el vestíbulo y ser conducida al ropero por una doncella de la casa, entregue mi abrigo y continúe mi camino hacia el salon principal seguida a menos de un metro de distancia por mi escolta personal. Yo era tan nueva como Amy en esta fiesta, apenas conocía algunos rostros, unos pocos por fugaces visitas a la casa del señor Benson y la gran mayoría por noticias en el periódico, lores, empresarios y damas de alta sociedad cotilleaban entre copas y abanicos que ocultaban sus sonrisas.

Di un rápido vistazo alrededor con la esperanza de que alguno de los Malory se encontrara cerca, pero parecían no haber llegado aun, suspiré y entrelace mis dedos, los guantes se adherían a mis manos como una segunda piel, me sentí algo observada y un poco sola entre tanta gente a pesar de tener junto a mi a la señora Milton, mi acompañante, nada parlanchina, regordeta y con un peinado poco agraciado, pero con una sonrisa entrañable que me decía que era consciente de mi nerviosismo.
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Re: Prólogo. Londres, 1885

Mensaje  Invitado el 29/01/11, 12:12 am

Alaric Von Hessel
con Edeline y Abraham Van Helsing en la mansión Von Hessel

El día finalizaba para mi infructuosa búsqueda, algo que yo desconocía por completo en mi aislado ambiente dentro de la oscura biblioteca, tras pesadas cortinas que ocultaban el paso del tiempo. El sillón tras el escritorio central del recinto se hayaba rodeado de pesados libros, antiguos diarios y pergaminos amarillentos que se apilaban sobre la mesa o en el suelo a ambos lados del asiento, separados en precarias pilas que servían de improvisada clasificación, separando los escritos en categorías que definían su prioridad para mi causa según las posibilidades de encontrar algo útil.

Pronto descubrí que sería imposible encontrar algún dato relevante sobre la llamada Dama de Sangre sin siquiera conseguir algo de información de primera mano. Necesitaba algo más que lo que decían los periódicos y los rumores callejeros. Necesitaba acceso a la investigación de Scotland Yard, o quizá una entrevista con alguna de las familias afectadas. Pero mientras planeaba mi próximo paso en la investigación, podía al menos separar la información que podría ayudarme una vez que consiguiera una pista sólida, y aislarla de lo que no se aplicaba a este caso.

Entre diarios de mis ancestros cazadores, estudios sobre criaturas del inframundo y leyendas que podían resultar más confiables de lo que se supondría al leerlas, podría eliminar lo más improbable. Se trataba de niños mencionando una dama de sangre, lo que indicaba que debía tratarse de una vampiresa. El hecho de que las víctimas sobrevivieran para contarlo descartaba un vampiro novato e inexperto, y la preferencia por niños también parecía indicar los caprichos de una criatura más antigua, sin embargo la presencia de heridas tan evidentes y el hecho de que la víctima pudiera recordar algo de su atacante, destartaban el uso de encantamientos hipnóticos o del sanamiento para ocultar evidencias. Era contradictorio y confuso. Podría descartar todo lo referente a vampiros con tendencias sexuales, como súcubos, ya que se trataba de niños, pero... considerando la perversión de la especie, tampoco era algo que pudiera dar por hecho con tanta seguridad.

¿Qué podía ser...?

- ¿Todavía aquí encerrado?

Levanté la vista de mi lectura, sorprendido, y el diario que tenía en mis manos cayó al suelo debajo del escritorio. Entrecerré los ojos ante la figura oscura que se recortaba bajo el marco de la puerta rodeada por la luz proveniente del exterior, de las velas que iluminaban el pasillo. Edeline dio un paso adelante y su delicada figura se reveló ante mí a la luz del candelabro que había sobre el escritorio. Lucía su indumentaria de equitación, con un pantalón ajustado y una chaqueta corta y abotonada por encima. Llevaba un pequeño casco bajo su brazo.

- Debiste haberme acompañado, te habría ayudado a despejarte.

Me froté los ojos mientras ella rodeaba el escritorio y las pilas de libros para saludarme, y su beso en la mejilla pareció regresarme a la realidad.

- Lo siento, Ede, tenía cosas que hacer...

Se veía radiante, al menos ella había podido aprovechar el día y disfrutar del aire que yo había evadido. Me alegraba verla tan alegre, aunque reí por dentro al imaginar el enfado de nuestro padre si la viera con ese atuendo. No podía consentir verla de otra manera que no fuera como una dama en su reluciente vestido de gala. Lo que me recordó...

- Espero que al menos esta noche sí tengas el honor de acompañarme a la fiesta de Lord Sussex. Confirmé nuestra asistencia ayer por la mañana.

La fiesta, claro. Lo había olvidado por completo, pero no podía faltar, por más de un motivo. Habría vampiros en aquella fiesta, de todos los rangos, edades y clanes. Siempre los había en ese tipo de eventos, aunque pocas veces causaban inconvenientes, y yo solía dejarlos en paz. Eran vampiros respetuosos del Tratado, capaces de pasar por humanos ante el ojo inexperto, algunos incluso ante mi propia mirada entrenada, lo cual me atemorizaba más de lo que estaba dispuesto a admitir. Tenía que averiguar cuánto sabían ellos sobre lo que estaba pasando, y si estaban involucrados. Si el Consejo permitía que esto sucediera, podía significar el fin del tratado y el comienzo de algo grande que yo no podría afrontar solo. Por el contrario, si estaban en contra de todo esto pero no habían sido capaces de contener la situación, quizá fuera aún peor.

Por otro lado, mi propia reputación requería mi asistencia en dicha fiesta, y en última instancia, no podía perderme la presentación de Lady Amy Malory, aquella jovencita morena que tanto prometía y de quien tanto se esperaba en la sociedad londinense. Debía admitir que lo poco que había visto de aquella jovencita despertaba algo en mí que poco tenía que ver con mis deberes laborales y mi legado secreto, sino más bien con algo más individual e íntimo.

Antes que pudiera responderle a Edeline, una criada entró anunciando la llegada del profesor Van Helsing y Edeline se marchó. Me costó unos instantes recordar de quién se trataba, y luego recordé que mi padre había mencionado que llegaría un pariente lejano neerlandés con motivo de... bueno... no recordaba el motivo de su visita a Londres, pero la cuestión era que le debíamos un hospedaje y toda nuestra cortesía; por lo visto se trataba de un respetable profesor de medicina, o algo similar. Desconocía si tenía algún vínculo con nuestro secreto familiar, por lo que había que ser precavidos hasta saber más.

Me levanté de la butaca y caminé hasta un extremo de la biblioteca, donde estaban las vitrinas y soportes con las armas y equipamiento bélico que a simple vista parecía una simple muestra de museo de armas medievales. Tiré de una ballesta que colgaba en la pared, activando un mecanismo oculto que apartó a un lado la chimenea que había entre las armas antiguas y una de las estanterías de la biblioteca. Pasé por el orificio antes de que terminara de abrirse y busqué entre los cajones y las armas colgadas en las paredes del pequeño recinto secreto algunos elementos que podría necesitar, como un par de brazaletes con estacas retráctiles ocultas, una daga pequeña que podría ocultar fácilmente, un crucifijo y algunos cuchillos más pequeños, arrojadizos. Volví a salir y destrabé el mecanismo de la ballesta, lo que hizo que volviera a su posición original al mismo tiempo que la chimenea, ocultando la cámara secreta. Luego, tomé mi bastón del escritorio - bastón que era en realidad una espada de plata enfundada en marfil - y apagué las velas antes de salir rumbo a mi dormitorio para asearme y vestirme más elegantemente.


Algunos minutos más tarde, ingresaba en la sala de estar de la primera planta, donde Edeline y quien suponía debía ser el profesor Van Helsing disfrutaban de un té sentados frente a la chimenea. Ambos se dieron vuelta al verme entrar y yo hice una ligera reverencia al cruzar la puerta de la sala.

- Buenas tardes, profesor. Perdón, debería decir buenas noches. Espero que nuestro hogar sea de su agrado, estoy seguro de que mi hermana lo ha tratado con toda la cortesía que merece - le dirigí una mirada y una sonrisa a Edeline mientras me acercaba a ambos -. Pérmitame presentarme, soy Alaric Von Hessel, y tengo entendido que soy... algo así como un sobrino lejano suyo ¿cierto?

Me permití una sonrisa cómplice y una leve carcajada. Era extraño conocer familia en aquellas circunstancias y con aquel comportamiento tan formal, aunque fuera lo que requerían los modales. Mi trato con Ede era mucho más casual y amistoso, pero después de todo, la había visto crecer y eramos las personas más cercanas el uno del otro. Y esperaba que siguiera siendo así hasta que alguno de ambos se casara y comenzara una nueva vida. Probablemente ella lo haría primera, y yo entonces tendría que buscar una dama a quien desposar para continuar también con mi vida.

- Edeline ¿por qué no subes a prepararte para el baile y yo me encargo a partir de aquí de entretener a nuestro invitado?

Me giré hacia una criada que esperaba junto a la puerta y con un gesto, entendió al instante mi pedido, alejándose para preparar más té. Yo me acerqué al asiento que mi hermana abandonaba para ocupar su lugar frente a Van Helsing.

- ¿Ha tenido un buen viaje, profesor? ¿Hay algo que podamos hacer para que se sienta más cómodo en su estancia aquí?



Spoiler:
Otra vez, perdón por haberme extendido tanto. Es una cosa que tengo con los primeros mensajes de cada personaje... Prometo intentar que no sea así siempre.
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Re: Prólogo. Londres, 1885

Mensaje  Invitado el 30/01/11, 07:45 pm

Ms Payton Carlton
(En la Mansión de Lord Sussex; CON VIVIANNE ASHEROFT)



Llevaba ilusionada con la fiesta desde hace días, desde que me la anunció Damien, confirmandome a que asistiría. Incluso le habia escrito a Lucy, contandole todas las noticias. Sin embargo, yo habia contado con lo mucho que costaba preparar "a una joven dama de sociedad", tal y como mi mucama me habia repetido durante la tarde.
La verdad es que no tenia mucha idea de lo que tendria que hacer en la fiesta pero Damien measeguró que estaría a mi lado cuando pudiera para darme instrucciones una vez que llegasemos alli, puesto que nunca habia tenido que asistir a ninguna velada de ese tipo sola desde que Lucy partiese a Francia con su ahora esposo.
Despues del almuerzo, me refugie como de costumbre en la biblioteca, donde sabia que podria tener un rato de tranquilidad ante todo leyendo y alejandome de todo, conducta que por lo visto no estaba muy aprobada pero no es que yo le diera demasiada importancia a ello.
Pero cuando se hicieron las cinco de la tarde, mi doncella Dana, me llamo a mi recamara para tenerme lista para la fiesta. Y antes de entrar, me dijo en voz baja que el periodico se encontraba en el cajon de mi tocador, tal y como le pedia todas las mañanas. Se lo agradeci con una sonrisa antes de entrar y que comenzasen a peinarme,
vestirme y maquillarme.
Cuando se hicieron las 7.30, ya habian terminado de peinarme y esperaba a que me trajeran un vestido nuevo que
Lucy habia pedido que me hicieran en París para la ocasión, con una nota deseandome una feliz velada.
Dana me traje el vestido y lo colocó sobre mi cama para admirarlo, mientras yo cogia el periodico y lo leia. A
Damien no le gustaba que lo hiciera para no preocuparme pero yo tenía demasiada curiosidad para dejarlo pasar.
Luego me puse mi vestido y me fui a hasta el salon donde Damien ya me esperaba totalmente vestido.
Y tras hacerme varios cumplidos, nos fuimos hasta la entrada donde el carro nos esperaba y nos pusimos en camino a la fiesta.
Cuando llegamos a la fiesta, el resto de los invitados ya estaban relacionandose entre ellos. Yo estaba bastante nerviosa y aunque procuraba estar relajada, Damien debio de notarlo, porque me acaricio el brazo para confortarme y me dijo que todo iria bien. Se alejo para saludar a unos conocidos y me dijo que no tardaría en volver a buscarme.
Mientras algunas de las jovenes de mi edad eran sacadas a bailar, otras se agrupaban con sus amigas y conocidas para ponerse al dia de noticias recientes.
Mas que parte del evento, me sentía como una mera espectadora de una obra, tratando de desentrañar su argumento y estaba encantada con ello.
Como Damien aun no volvia, decidi introducirme a una de las pocas jovenes que conocía alli, Vivianne AsherofT.
- Lady Vivianne, es un gusto encontrarte aqui. ¿Huyendo de tu madre tan pronto?- me rei, al ver su madre vigilando a donde iba.- Ven, creo que nos podremos escapar un rato si nos alejamos del gentío.- le indique.
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Re: Prólogo. Londres, 1885

Mensaje  Gaia el 31/01/11, 03:29 pm

Germaine, voy a adelantar con Amy. Espero que no te parezca mal.Si quieres después vuelve a unir a Derek a la conversación.

Amy Malory
(En la mansión de Lord Sussex)
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Al rato de que Derek se marchara con sus amigos, el mayordomo nos avisó de que el cochero estaba ya en la puerta esperando por nosotros. Esperé a que mis padres se pusieran sus prendas de abrigo y los tres partimos en dirección a casa de Lord Sussex.

En el gran salón una orquesta interpretaba valses y mazurcas sobre una tribuna forrada de terciopelo rojo con ribetes dorados. Algunas parejas ya estaban danzando pero la gran mayoría de los asistentes charlaban en pequeños corrillos.

Yo no conocía a la mayoría de los invitados pero así era como debía ser una presentación en sociedad. Todos eran amigos de mi madre o contactos comerciales de mi padre. También había algunos jóvenes pretendientes en la sala y otras muchachas que sin duda habían venido a la fiesta para continuar con la búsqueda de marido. Hoy era mi día y esperaba que ninguna de esas damas intentara robarme protagonismo.

Algo nerviosa pero ansiosa al mismo tiempo, pude ver como mis padres me dejaban sola para juntarse a otros coros de hombres y mujeres que parloteaban sin parar. A mi lado, dos hombres discutían animadamente sobre economía y sobre las repercusiones que podría tener la posible huelga.

- Si para la producción subirán los precios decía alterado el más alto de ellos -. Suben los precios, baja el consumo, las ventas… y por tanto, vuelven a subir los precios. ¿Cómo llamaría usted a esto?

- Catástrofe nacional. La huelga solo podrá empeorar la situación pero esos trabajadores parecen no ver más allá.

- Antes de un año, todos en la ruina - sentenció el más alto - , y todo por esas ideas que Marx ha estado expandiendo con sus escritos y que ahora parecen calar hondo en los proletarios.

- Y ese Marx, ¿qué dice?

- Pero vamos a ver, hombre, ¿usted no sabe lo que es el manifiesto comunista?

Unos brazos me obligaron a girar en redondo y dejar de prestar disimulada atención a la conversación de los dos hombres. Al girarme pude ver que era Lord Sussex.

- Mira quien acaba de llegar. Ya no te acuerdas si quiera de saludar a tu padrino.

- Claro que sí, Lord Sussex. Sólo contemplaba el salón, ha quedado maravilloso. Muchas gracias por ofreceros a realizar la recepción en su casa. – agradecí.

- ¡Por Dios! – Exclamó – Hace unos años correteabas por esta casa mientras yo intentaba evitar que hicieras alguna fechoría y mírate ahora, agradeciendo como una señorita. Disimulando que estabas más atenta a otras cosas.

- No diga eso, pensaba ir a saludarle ahora mismo.

- Ya sé yo en que estabas pensando, pero no te lo reprocho. Dí que sí, los viejos estamos en otro momento de la vida.

- Yo no creo eso, padrino – le contesté -. Es más, me preguntaba si tendría el honor de bailar conmigo el vals de presentación.

- ¿Y no es ese un honor que deberías dejarle a tu padre?

- Ya lo he hablado con él y está de acuerdo. Después de todo, el bailó hace tres años el vals con mi hermana y ya que usted no ha tenido hijas…

- Si tu padre está de acuerdo me encantará ser tu pareja de baile, Amy, puedes contar con ello. Ahora vete a divertirte, no quiero entretenerte más.

- Gracias padrino.

Le abracé con el decoro que la situación requería y lo dejé marcharse para unirse al coro donde estaba mi padre. Unos metros más allá pude ver a Eve que contemplaba a las parejas que bailaban algo vacilante. Crucé el salón para ir a su encuentro.

- ¡Oh Eve! ¡Que bueno que hayas llegado! – Dije a modo de saludo -, creía que iba a conocer a más gente pero con Derek y sus amigos llegando con el baile más avanzado, todos son desconocidos – me lamenté -. Hoy le he sugerido que podía solicitarte un baile – dije en referencia a Derek, sonriendo de medio lado-. ¿No me he extralimitado, verdad?
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Re: Prólogo. Londres, 1885

Mensaje  Gaia el 31/01/11, 03:54 pm

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Dynamo. Lucian Dominé (Vampiro)

Calles / Whitechapel:
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Mýa. Damien Hamilton (vampiro)
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Re: Prólogo. Londres, 1885

Mensaje  Invitado el 31/01/11, 05:29 pm



··Con·· Peyton Carlton
··En·· baile, mansión Lord Sussex

Tenía un trato con mi madre, podía reclamar todo lo que quisiera dentro del carruaje, pero una vez llegado a nustro destino, tenía que fingir ser una damita callada, tímida, tonta e ingenua, lo que para ella equivalía a la mujer perfecta, esa que era un buen partido y sólo servía para tejer crochet y parir hijos... total, si el marido quería divertirse, lo hacía fuera de casa, para eso estaban las putas; si quería conversar cosas interesantes, para eso estaban los clubes de caballeros; y si quería un té con limón, le pedía a la esposa que se lo trajera... la vida del gomero, relegada a un papel de planta de interior, con una boca que sólo servía para sostener sonrisas vacías y palabras ligeras... "sí, querido..."; "sí, mi amor...", "cómo digas, cariño..."... puajjjj.....
Bajamos del coche y sentí que mamá me pegaba un leve codazo, muy suil para que el resto se diese cuenta "cambia esa cara, niña, así no vas a conseguir a ningún hombre que se fije en ti!"... claro, como si a ellos les interesase mi estado de ánimo y humor.. "en serio, madre? yo pensé que mi dote era atractivo suficiente para cualquier zángano con título y corto de dinero" espeté sin dejar de sonreir como tonta, ya me empezaban a doler las comisuras de los labios y la velada recién comenzaba...
Apenas entramos, nos recibieron nuestros abrigos y me entregaron la libretita de baile, puse los ojos en blanco pero no pude suprimir un bufido, lo que me ganó otro sutil codazo.... "sí, madre" repliqué, con una voz tan falsamente dulce que ahora fue el turno de mi madre de bufar.. "puedo ir a ver a mis amigas?" dije, esperando que me diese permiso y así poder escaparme un rato de su estricta mirada; tan pronto asintió me escabullí con dirección a un balcón, necesitaba aire fresco.. en mi camino hacia el balcón me topé con una conocida...
- Lady Vivianne, es un gusto encontrarte aqui. ¿Huyendo de tu madre tan pronto?- no pude evitar reír con ella -tan obvio es mi comportamiento??- - Ven, creo que nos podremos escapar un rato si nos alejamos del gentío.- acepté gustosa su sugerencia, la tomé del brazo y nos encaminamos hacia un balcón, lejos de la mirada de mi madre.... en nuestro camino nos topamos con un sirviente que nos ofreció un refrigerio adecuado para damitas de nuestra edad, zumo... fruncí el ceño y acepté a regañadientes, pero apenas se dio vuelta y descuidó la bandeja unos segundos,cambié ambos vasos por copas de champaña, le ofrecí una a Peyton -brindemos por ... mmmmm...- pensé un rato y no se me ocurrió nada ingenioso por lo que celebrar, así que le pregunté -tienes tú algo interesante por lo que brindar??- esperaba que su vida fuese más interesante que la mía XD



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Re: Prólogo. Londres, 1885

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